LA EQUIVOCACIÓN ANGLOSAJONA Y LA VISION MISTICA DEL TOREO

“LA PALABRA BULLFIGHT (1) ES LA EXPRESIÓN

 MÁS EQUIVOCADA QUE EXISTE EN TODO EL IDIOMA INGLÉS”


William Vance Masterson
Tribuna para la Defensa de la Tauromaquia, Tauromaquias Integradas

Walter Johnson en su obra definitiva en inglés sobre la Corrida de Toros, BRAVE EMPLOYMENT, publicada por el Club Taurino de Londres en 1997.

Los siguientes comentarios, no los dirijo a los convencidos…los aficionados a la corrida de toros y de la Tauromaquia. Demasiadas veces escribimos exclusivamente a los adeptos en la materia sin prestarnos a influir, dentro de nuestras posibilidades, en la obligación de promover, dignificar y expandir nuestros horizontes hacia los que desconocen nuestra Fiesta Taurina. Tal como dijo el gran escritor, Juan Eslava Galán durante una conferencia en Córdoba, los “intelectuales”…y no me considero uno de ellos…escriben únicamente para sus colegas académicos lo cual no es mi pretensión al exponer sobre la belleza, la tragedia y el drama del Arte del toreo.

Desde las primeras semillas de mi afición (1963) al toreo en la Plaza de Nimes he cuestionado el término “bullfight” que en inglés significa combate y, en este caso particular, entre el hombre y el toro. Inicialmente, acepté este término considerándole legitimo aunque a través del tiempo escuchando a doctos en la Tauromaquia, asistiendo a espectáculos mi percepción inicial de la corrida evolucionó desde la de un espectáculo donde el toro muere y el torero sobrevive hasta lo que Ernest Hemingway describe como “el único arte en donde el protagonista está en peligro de muerte y dentro de lo cual su grado de perfección técnica depende en gran medida de su honor” y tal como lo expresó el escritor, acepté su visión de la moralidad de la corrida por hacerme sentir bien y entender con mayor profundidad “…el sentimiento de la vida y de la muerte, de lo moral y lo inmoral… En la corrida existe la tragedia ordenada y disciplinada por un ritual preciso.” En resumen, Papá (2) Hemingway, dejó claro que la corrida no es un deporte en el sentido anglosajón de la palabra. No es una tentativa de combate a igual entre un toro y un hombre. Es más bien, una tragedia directamente relacionada con las Bellas Artes y el conjunto de las disciplinas que buscan la expresión de la belleza: la música, la escultura, la pintura, el dibujo, la danza, la poesía, la literatura, el cine, la arquitectura y el correspondiente dominio de la técnica en cada disciplina que diferencia lo bueno de lo malo dentro de la estructura correspondiente a cada una de ellas. Sería muy atrevido decir que todo lo que corresponde a las disciplinas de las Bellas Artes sean un símbolo de la belleza y, por lo tanto, siempre tendremos que evaluar cada contribución artística según sus méritos y la técnica empleada. En este caso el matador y su arte o la carencia del mismo.

El Maestro, Antonio Ordoñez y el escritor norteamericano, Ernest Hemingway en Haro (La Rioja) durante el verano peligroso de 1959. El Maestro Ordoñez, por la esencia de su toreo ortodoxo, fue el primer torero en recibir la Medalla al Mérito en las Bellas Artes en 1998 y Hemingway el Premio Pulitzer en 1953 y el Nobel de Literatura en 1954. Hemingway, se enamoró de España durante su primer viaje en 1932 y realizó su último viaje para documentar EL VERANO PELIGROSO y la supuesta rivalidad entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordoñez, con lo cual compartió una gran empatía. En total escribió dos novelas sobre el toreo basándose en su obsesión trágica por el toreo. Hemingway se suicidio en Ketchum, Idaho el 2 de Julio de 1961

La persistencia de mantener la expresión equivocada de “bullfighting” contribuye a un debate falso sobre la Tauromaquia y la técnica del toreo. Tanto Hemingway como Walter Johnson propusieron que, en realidad, no existe un término que exprese plena y correctamente algo tan distinto a las demás Artes, consideradas las disciplinas de las Bellas Artes por su potencial trágico tan sumamente enraizado con la muerte, el honor, la inmortalidad, la belleza, el valor cultural y personal dentro de la estructura de la “suerte”. (3)

En múltiples ocasiones he escuchado a individuos que saben poco de España: vienen de vacaciones a la costa, juegan al golf, viven en comunidades donde los menú de los restaurantes y bares representan un insulto continuo para el idioma de Cervantes, beben malos caldos en exceso, cenan a las 17.00 horas bajo un sol espeluznante y no se atreven ni a utilizar los saludos de buenos días, buenas tardes o buenas noches aunque critican, en su mayoría, la corrida de toros. A pesar de todo lo anterior, los pobres anglosajones no son los culpables en lo que respecta a su desconocimiento de nuestra Fiesta de los Toros. El error está en el término “bullfighting” que por desgracia no ha sido corregido ni por los aficionados de la Fiesta ni por los que dictan la legitimidad y la veracidad lingüística del vocabulario Inglés y, que en este exabrupto especifico, permiten la continua equivocación de unos individuos indocumentados que exclaman con total seriedad su preferencia por la muerte del hombre en vez del toro bravo. Son los acólitos de los animalistas y sus aliados entre los políticamente correctos que demuestran su moralidad cuando dan más importancia y mayor esfuerzo emocional a la situación del cerdo chino, la existencia de abortos sin límite, la muerte de un terrorista asesino de creyentes, tanto cristianos como de otras opciones espirituales, con una frecuencia casi a diario. Por otra parte, no me preocupa una crítica razonable y constructiva a la corrida de toros, pero propongo que se evite los argumentos emocionales y que se trate todo el contenido profundo de la tauromaquia y, sobre todo, su influencia continuada en las disciplinas de las Bellas Artes que, según la definición de Arte, engloban todas las creaciones realizados por el ser humano para expresar una visión sensible del mundo.

Robert Ruark (4), proponía que “…el hombre puede conseguir su inmortalidad únicamente a través de su forma de actuar”. La tragedia viva de

la corrida, sin duda, ha dejado evidencia de la gloria de la inmortalidad. Ruark en su novela, SOMETHING OF VALUE, avisa que cuando quitamos de un hombre su forma tradicional de vivir, sus costumbres, su religión, existe la obligación del detractor de reponerlas con “algo de valor” y este consejo es más fácil de entender que de cumplir existiendo muchos ejemplos nocivos del deseo por parte de algunas tendencias poco liberales de desear la creación de un hombre nuevo, dominado por un pensamiento único. Prueba de ello siendo los que han sembrado su inmortalidad en una Plaza de toros u otras opciones, contribuyendo al conocimiento que hace progresar a la civilización. No es por casualidad que recordemos a los que promocionan la belleza y las buenas obras. Incluso, nuestra propia memoria efímera (5) es evidencia de ella. La inmortalidad es frecuentemente el recuerdo de las huellas de la tragedia y la simbiosis no casual que existe entre la vida y la muerte tal como se transmite durante la corrida de toros. Entre los multitudinarios ejemplos de la tragedia y de la inmortalidad mi experiencia propia me ha impreso el sentir de esta realidad. Un día presté mi habitación en un hotel de Miraflores de la Sierra de Madrid a un joven matador y siete horas más tarde un toro le destinó a la inmortalidad (6) seguida, unos meses más tarde, por su Apoderado. Dedico este artículo en recuerdo de su inmortalidad a ambos; hombres de honor.

Es digno de discusión la tendencia hacia el “pensamiento y de doctrina de grupo” que promueve la monstruosidad cultural y ética que es el pensamiento de lo políticamente correcto que disminuye nuestra capacidad de pensar y de criticar. Los ejemplos de individuos y de colectivos que sacrifican su libertad de creer y ser veraces portadores de opinión y, sobre todo, en lo que concierne a la cultura que representa la manifestación más sublime de la humanidad. El ataque frontal a la Tauromaquia para dichos pensadores grupales y de fuerte influencia anglosajona, en mi opinión, significa una falta de conocimiento de la grandiosidad del toro bravo, y la influencia del mismo desde los tiempos ancestrales hasta la actualidad. Dicha herencia cultural e inmortal proveniente de la Tauromaquia como demostrativo de “valores” es irremplazable. ¿Con que pretenden sus detractores sustituirla?

Desde sus inicios la esencia vital del toreo y su relación directa con valores tales como el honor, la fidelidad, la vida, y la tragedia representan una contribución continua al pensamiento y la creatividad. Como decía Ortega

la modernidad ha disminuido el valor de dichos conceptos. En EL ESPECTADOR, Ortega (7) nos avisó “que quien sienta menos apetitos vitales y percibe la existencia como una angustia omnímoda, según suele acaecer al hombre moderno, subvierta todo a no perder la vida. La moral de la modernidad ha cultivado una arbitraria sensiblería en virtud de lo cual todo era preferible a morir. Un amigo mío, cirujano plástico, me comenta que su profesión se está convirtiendo en lo que no es según los pensamientos del ilustre pensador. Mi amigo cirujano se confiesa…” incapaz de rejuvenecer a una abuela y convertirla en la imagen de su propia hija”. El toreo a través de su complicada red trágica es un sano recordatorio de lo que no puede ser, además de lo que es imposible. Envejecemos y morimos.

La nieta de Ernest Hemingway, Margaux, con la cual colaboré promocionalmente en U.S.A durante 1984. Margaux, aunque heredera del apellido Hemingway de Jack Hemingway, primer hijo del escritor, no compartía especialmente la filosofía de vida de su abuelo, aunque, por desgracia, fue la quinta en cuatro generaciones de su familia de sufrir el suicidio en 1996 con 42 años.

Mi novela preferida de Ernest Hemingway es una de las menos conocidas por los lectores, aunque representa más dramáticamente su concepto de la vida y de la sensibilidad humana que expresa claramente todas

(7) José Ortega y Gasset (1883-1955) el pensador más universal producido por la España contemporánea e ilustre aficionado a la Tauromaquia

las temáticas de las obras del escritor: la juventud y la edad, el amor y la guerra y, sobre todo, lo que hace que un hombre sea hombre. ACROSS THE RIVER AND INTO THE TREES (8) es la historia íntima del Coronel Richard Cantwell, consciente de la esencia de la vida y de su propia existencia temporal dentro de ella que realiza su último viaje a Venecia. Durante tres días, igual que los tres actos de una corrida de toros, conocedor de que su vida está llegando a su fin. El Coronel Cantwell acepta su realidad expresando las últimas palabras del General Stonewall Jackson del Ejercito de los Estados Confederados previas a fallecer de un tiro mortal en el campo de batalla: Dirigiéndose a su Ayudante dice “Ordena a A.P. Hill a preparar la tropa para entrar en acción y vamos a cruzar el rio y descansar a la sombra de los árboles”. La “suerte suprema” del Coronel forma parte de la vida misma. Hace unos años conocí a un finlandés que en mi presencia recibió la noticia del fallecimiento de su hermano explicándome que así es nuestra presencia en la tierra y que lo que empieza termina y nada más. Todos tendremos algún día que cruzar el rio y entrar dentro de los árboles. La corrida de toros y la belleza de su pasillo seguida por los tres actos de la suerte representan, según mi interpretación, el inicio de dicho viaje que significaría la elegancia y, el pundonor durante la transición hacia nuestra propia muerte. A nosotros, nos corresponde nuestro momento propio de la verdad. Un instante, potencialmente de inmortalidad, que se encauza dentro de la “suerte” de la vida. ¿Con que pretenden los detractores de la esencia misma de la vida sustituir la belleza del paseíllo (9), los actos que nos llevan a la suerte suprema y nuestra propia existencia de contrastes de luz y de sombra que corresponden a la existencia humana? La corrida de toros tanto como nuestro propio paseíllo potencial hacia la inmortalidad no es un combate, tal como implica el término erróneo “bullfighting”, que tanto ha contribuido a desprestigiar la esencia mística (10) del toreo.

    Fuente. Gaceta Ilustrada de la Tauromaquia

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HISTORIA DE ESPAÑA A TRAVÉS DE SUS PLAZAS. SEGURA DE LA SIERRA (JAÉN)

Texto y fotografía. Juan Salazar

Segura de la Sierra se encuentra en la provincia de Jaén, dentro del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, una zona clave y codiciada antaño, pero prácticamente olvidada hogaño.

Desde que en las montañas cántabras don Pelayo iniciara la reconquista en la batalla de Covadonga, hasta los primeros días de enero de 1492, en que sus católicas majestades entraron en la Alhambra granadina, transcurrieron 780 años, en los que fueron muchas las tierras que hubo que arrebatar al infiel.

El asunto no sólo era una cuestión castrense, sino política y organizativa: resultada imprescindible habilitar un sistema que permitiera administrar y gobernar los territorios ganados. Una de las principales formas de hacerlo fue a través de las encomiendas, por las que los reyes de Castilla concedían a las órdenes militares, en premio a su ayuda en la labor bélica, terrenos, bienes y posesiones.

La encomienda, dentro de la lógica feudal, constituía un señorío jurisdiccional, asignado a una orden militar, en la figura de un comendador. El comendador era un caballero de hábito al que se le delegaban atribuciones jurisdiccionales así como el usufructo de derechos y bienes materiales para asumir esas funciones: ejercía justicia, cobraba tributos, protegía y defendía a sus vasallos y contribuía con tropas al ejército de la orden aportando caballeros que él mismo armaba. Si rehusaba la formación de milicias la alternativa era pagar el llamado “impuesto de lanzas”, destinado a la ordenación de dichos caballeros.

Lo habitual era que la encomienda tuviera su base en una fortaleza, sede del comendador, quien administraba una o varias poblaciones.

A lo largo del territorio peninsular se fueron estableciendo encomiendas mayores, como las de Castilla (en Uclés y Segura de la Sierra), León (Mérida, Montánchez, Alange y Montemolin), Aragón (Montalbán) y Portugal (Pamella y Mértola). La posición de “encomendador mayor” resultó tremendamente relevante ya que devino en un paso fundamental en la “escala de méritos” para llegar a ser Maestre, vértice y cabeza de la Orden. Por ejemplo, Pelay Pérez Correa, comenzó su carrera en Portugal, para pasar a ser comendador de Uclés, ocupando después la encomienda mayor de Castilla y finalmente ser elegido maestre de la Orden de Santiago en 1242.

Desconozco si fue una casualidad temporal, pero en el citado año de 1242, Segura de la Sierra sustituyó a Uclés como Encomienda Mayor de Castilla, siendo por tanto, el “campamento base” de los santiaguistas frente al reino nazarí de Granada.

Algunos de los términos que alcanzaba esta encomienda eran los de Orcera, Hornos, Siles, Torres, Génave, Villarrodrigo, Bayonas, La Puerta, El Hornillo, Moratalla, Albaladejo, Yeste, Liétor, Férez, Letur, Tazona, Socovos y Nerpio, repartidos en las provincias de Jaén, Murcia, Ciudad Real y Albacete. En este lugar permanecían los caballeros acuartelados y adiestrándose para guerrear alanceaban toros. ¿Toros?, ¿existía ganado bravo por esas tierras?

La presencia de reses bravas en Segura de la Sierra, como ha analizado el investigador Antonio Morales Arias, se remonta al siglo XVI, criándose desde entonces con el propósito de ser vendidos para los festejos de diferentes plazas españolas.

No quedan testimonios fiables del espacio concreto donde se practicaban estas suertes de correr y alancear reses, pero no es de extrañar que fuera en los alrededores del castillo, como el ruedo que en la actualidad allí existe.

Fue una lluviosa mañana otoñal cuando tuve la oportunidad de acercarme a visitar la localidad. La lluvia fina, persistente, el mar de olivos que rodean la carretera, la fortaleza en lo alto de la loma, daban un toque mágico, de estar perdido en el tiempo. No me resultaba difícil imaginar, en cualquier recodo, una tropa de caballeros con sus huestes dirigiéndose a la batalla de las Navas de Tolosa.

Atravesando el pueblo, al subir por las empinadas cuestas me encontré con la plaza, un coso con un pequeño ruedo cuadrangular, que fue patio de armas y caballerizas de un castillo, con una torre aneja (actual enfermería en los días de festejo), en donde no existen gradas, esto es, el acceso es gratuito y los espectadores se acomodan en la loma de la colina.

No he encontrado datos exactos que permitan determinar la antigüedad de esta plaza. Parece que en la primera mitad del siglo XX los mozos se divertían con la suelta de vacas y los toreros aficionados pasaban la capa para recoger lo que buenamente les entregaban los vecinos en reconocimiento a su labor, pero fue a comienzo de los cincuenta cuanto la historia cambió, como deja constancia el texto que aparece en un azulejo a la entrada del coso:

Desde que en la Edad Media los Caballeros de la Orden de Santiago alancearon toros, en este recuento se han venido celebrando Fiestas Taurinas de diferentes tipos. Con la llegada, a comienzos de los cincuenta, de Paquito Esplá, y la incorporación posterior de sus hijos, Luis Francisco y Juan Antonio, se consolidaron los tradicionales festivales taurinos de Segura de la Sierra por los que han pasado famosos matadores de toros y novilleros. Paquito Esplá, Germán Morer, Pepito Manzanares, Javier Araúz de Robles, Sandro Álvaro, Máximo Valverde, Carnicerito de Úbeda, José Fuentes… Y una larga lista de figuras de toreo incluidas en los carteles de “Los Toros de Segura”.

Cuando uno lee esto, enseguida se percata que el “Paquito Esplá” al que se refiere el texto, el de comienzos de los cincuenta, no puede ser el Paquito Esplá que se retiró una tarde gloriosa del 5 de junio de 2009, en Las Ventas, matando al toro Beato de Victoriano de Río. Por cierto, ¡qué tarde aquella! Los más viejos del lugar hablaban que desde la retirada de Marcial Lalanda en 1942 no se había producido un despedida tan redonda.

El Paquito Esplá citado es su padre, Francisco Esplá Vicente, nacido en Alicante en 1924, que habiendo vestido de luces, montó sendas escuelas taurinas en Benidorm y en su ciudad natal, en donde aprendieron sus hijos Luis Francisco, cosecha del 58, y Juan Antonio, nacido en 1960. El nombre de Esplá va ligado a Segura, lo mismo que el de Pepito Manzanares, padre de Jose María Manzanares (José María Dols Abellán) y abuelo del actual diestro que se acartela como José María Manzanares. El otro espada, Germán Morer, levantino de origen, también fue un gran impulsor de estos festejos que se celebran a comienzos de octubre, coincidiendo con la festividad de la Virgen del Rosario.

La plaza de toros de Segura de la Sierra no deja a nadie indiferente; simplemente el marco en el que se ubica, con la loma coronada por el castillo, ya es de por sí espectacular.

Finalmente sería imperdonable hablar de Segura de la Sierra sin citar a su vecino predilecto, Jorge Manrique, el que escribió las famosas coplas por la muerte de su padre:

“Recuerde el alma dormida

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida

cómo se viene la muerte,

tan callando”

Este texto junto con “El llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”, constituyen, sin lugar a dudas, las dos referencias principales de elegías en cuanto a poesía lírica hispánica se refiere.

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ESCUELAS TAURINAS Y LA DISCIPLINA ESCÉNICA DONDE LA ÉPICA Y LA TRAGEDIA ESTÁN SIEMPRE PRESENTES

David Guillen Corchado
Doctor en Psicología y escritor

La personalidad, se va formando en el curso de la ontogénesis gracias a las interacciones recíprocas que mantiene la persona con los distintos contextos en los que se desenvuelve, llegándose a alcanzar, con el tiempo, patrones de organización con cierta estabilidad. Todas las investigaciones al respecto están de acuerdo en que los rasgos de personalidad son particularmente inestables durante la infancia y la adolescencia, en parte debido a los cambios biológico-hormonales propios de la maduración física y la fuerte influencia ejercida por el entorno social, y sería durante la infancia y la adolescencia que diferentes tendencias específicas de comportamiento van dando forma a rasgos más amplios. De ahí la gran responsabilidad que como formadores tenemos y la eterna discusión sobre la mayor carga del componente genetista o ambientalista que será dominador en la futura formación del torero en ciernes. De lo que no hay duda es que somos lo que somos gracias a la aportación de ambos componentes en mayor o menor medida, y que, en la tauromaquia, como en todas las artes escénicas, la aportación de las conductas innatas presenta grandes ventajas. Los mecanismos innatos son estímulos específicos que provocan la conducta no aprendida correspondiente, y que se encuentra programada en el código genético del individuo. Sin embargo, sería muy simplista considerar por separado la dicotomía entre lo innato y lo aprendido (entre lo heredado y lo aprendido en la escuela).

El enorme atractivo que emana de la tauromaquia, el impacto de los modelos sociales que son las figuras actuales y anteriores, las características tan estimulantes de su práctica, las emociones intensas que siempre están presentes y la buena disposición de los alumnos, hacen que esta práctica, sea un instrumento formativo muy provechoso y valioso en esta sociedad carente de valores en las que nos encontramos (Figura 2). Y por ende y porque no, que sirva de ejemplo y análisis de patrones de comportamiento beneficiosos para la salud física y psíquica del adolescente.

Sin embargo, actualmente hay muchas opiniones que abogan sobre la incapacidad formativa de las escuelas taurinas, alegando que estas adoctrinan excesivamente, y que lo deseable sería operar bajo una visión platónica-aristotélica del conocimiento, postulando que éste se obtiene a través de los sentidos, por medio de la experiencia y de forma intuitiva. Obviamente gran parte de la responsabilidad de esta situación, que no les falta razón, se debe a la falta de sensibilidad de los dirigentes encargados de contratar al personal docente, y en cierto modo a la carencia de medios materiales para disponer de profesores con mayor formación. Si bien todo esto podría paliarse en cierta medida con inquietud, apertura mental, trabajo, trabajo y trabajo de los encargados de la formación.

Fig.2- Alumnos con el maestro preparando un tentadero.

Contratar al profesor adecuado es muy importante y por tanto no sirve cualquiera simplemente porque haya sido un profesional de la tauromaquia o todavía lo sea. Es cierto que en muchas ocasiones hay pocas opciones por las escasa o nula remuneración económica, pero se debe procurar que el profesor al menos sea una persona que transmita gran entusiasmo por lo que hace, que sea ejemplo de comportamiento y respeto a la “profesión”, que sepa comunicar adecuadamente, que tenga óptimos conocimientos de la tauromaquia y, muy importante, que busque constantemente evolucionar y quiera seguir aprendiendo personal y metodológicamente. Existen toreros retirados en una excelente edad, con condiciones óptimas para la enseñanza y con experiencia y apertura mental para lo que aquí se pretende, que podrían y deberían cumplir esta función, si bien hay que valorar socialmente la gran aportación que para la Tauromaquia podrían realizar. La formación, como la vida, está en constante evolución y tú debes formar parte de ella. 

Volviendo a las variables propias del aprendizaje, lo deseable sería componer acciones formativas que conjuguen adecuadamente esas dos posiciones encontradas, a saber, la experiencial e intuitiva y la dirigida o adecuadamente programada.

Entrega del Premio Especial de la Asociación Taurina Parlamentaria (ATP) de 2018 a la entidad Tauromaquias Integradas.  De izquierda a derecha, de abajo a arriba: Julio Fernandez, Enrique Martin Arranz, José Carlos Arévalo, Rafael de Lara, José Miguel Arroyo “Joselito”, David Guillen, Fernando Gil, José Luis Bote.

La Tauromaquia forma parte de una disciplina escénica donde la épica y la tragedia están siempre presentes. Donde por encima de todo, los actores presentes en esta escena taurómaca deberían tener siempre presente y dieran normalización, consciencia y aceptación, de que la Tauromaquia supone un ancestral rito de amor supremo. Acto de amor ya que, de manera voluntaria y lúcida, el triángulo mágico que forman el alumno, el maestro y los padres o tutores, deberían aprender a aceptar el significado del rito sacrificial que la tauromaquia supone, como fundamento de todo lo demás. Dice el maestro Ojeda que la emoción está cuando se cruza la raya. ¿Qué significa cruzar la raya? Ni más ni menos que la aceptación presente y consciente de compartir con tu compañero de escena, que uno de los dos, dará su vida por el otro. Sin emoción no hay Tauromaquias. Esta cuestión trascendental forma parte de la verdadera y absoluta esencia taurina.

Una vez anunciada la primera y básica esencia sobre la que debe circular toda formación en Tauromaquia, la formación técnica podría evolucionar sustancialmente ya que actualmente adolece de cierto equilibrio y programación formativa. Formación donde debería primar por encima de toda la libertad creativa y la potenciación y exaltación de la personalidad del “artista”.

Por los beneficios que aportaría al alumno en forma de rendimiento, concentración, motivación y confianza; y al docente en forma de autoestima y mejora del rendimiento, podrían programarse diversas estrategias:

1º Establecimiento de objetivos individualizados de aprendizaje, identificando claramente los comportamientos y destrezas a identificar en los alumnos. Facilitar al alumno los instrumentos o técnicas para que sea capaz de realizar las acciones que se asocian a la competencia del nivel exigido.

            2º Comprobar que los objetivos propuestos a cada nivel son específicos, medibles, alcanzables y pertinentes.

3º Establecimiento de niveles de maduración o de progreso.

4º Realización de pruebas de evaluación continúa de toreo de salón para seleccionar los comportamientos que indicarán el salto o retroceso de nivel. Instaurando el fomento de continua competitividad en el plano del toreo de salón primero y más tarde con animales vivos.

            5º Formación del profesorado en las técnicas e instrumentos básicos para el desarrollo de aptitudes en el alumnado, sin menoscabar la idiosincrasia y metodología particular del territorio donde esté enclavada la escuela de tauromaquia en cuestión. Para ello se dotaría al profesorado de los instrumentos adecuados para acrecentar el sentido de identidad.

            7º Reciclaje y actualización en la implantación de nuevas herramientas o técnicas de estudio en forma de programas, softwares o nuevos útiles de lidia al profesorado.

            Por todo lo expuesto anteriormente sería imprescindible el poder contar con un centro de referencia a nivel nacional o internacional donde se practiquen todas las acciones anteriormente detalladas.

6º Ser honestos con el alumno y con la profesión, para mantener una actitud pedagógica inflexible a la hora de posicionar al alumno ante un contexto taurino con público sin la consiguiente maduración necesaria requerida para el mismo, tan sólo por la justificación del puesto o de futuros intercambios. 

Todas estas medidas acogidas para la formación básica taurina, la asociación cultural Tauromaquias integradas, está trabajando en la creación de un Centro Superior de Maestría en Tauromaquias que diera cabida a los novilleros que hubieran completado satisfactoriamente esa primera fase de formación, y que por sus excelsas cualidades estuvieran llamados a ser un brillante soporte vital de la fiesta nacional en el futuro y un referente de las futuras generaciones. Centro abierto al intercambio de ideas, al estudio y a la investigación. Donde se prime enseñar a pensar, a tener criterio y sentido de la responsabilidad a esas generaciones que serán el futuro de la Tauromaquia.

El torero, cuando se confronta con el toro, no lo hace en un estado anímico donde impere la crueldad, acritud, ni la agresividad, ya que el miedo y la emoción se lo impiden. Sentir miedo y gestionarlo adecuadamente, le conduce a la libertad. Esta libertad espiritual es la perseguida por este Centro Superior, que contaría como personal docente con maestros de la tauromaquia, profesionales de la antropología, bellas artes, psicología, sociología, biología, veterinaria, historia, ética, etc., Donde se diera cabida a esos novilleros hasta que completen su formación para llegar al doctorado y donde se les promocionaría para llegar con absolutas garantías a ese momento. Promoción que se llevaría a cabo con la participación en el espectáculo “Encuentro de Tauromaquias” que la asociación más arriba referenciada pretende poner en marcha.

El Encuentro de Tauromaquias pretende por encima de todo promocionar a las jóvenes promesas y fomentar afición. Pretende aportar otra solución a la deficitaria situación por la que atraviesan los novilleros, y por ende el futuro de la Tauromaquia. Se trata en definitiva de aportar soluciones, de salir del inmovilismo imperante y de trabajar. Tiene por objetivo la formación y promoción de estos jóvenes y contaría con festejos que serán encuentro de varias tauromaquias, y que servirán para ampliar la destreza y expresión artística de los novilleros que actualmente no pueden completar su madurez taurina natural.

Es trascendental para la Tauromaquia la innovación y desarrollo de sus útiles de lidia. Este espectáculo servirá para poder experimentar estos nuevos útiles (pica, espada, descabello y puntilla), que como se ha citado, evolucionarán con absoluto respeto a la estética tradicional para lograr de cada uno de ellos la mayor efectividad. Por lo tanto, se aspira que este Encuentro de Tauromaquias sea un banco de experiencias técnicas y artísticas de ensayo y error, imprescindibles para que la Tauromaquia actual pueda incorporar las que estime positivas y así introducirlas en la lidia actual, o deseche las que no considere.  Igualmente, este espectáculo es una gran oportunidad para poner en práctica distintas investigaciones multidisciplinares, al disponer in situ de posibles sujetos experimentales para la participación voluntaria y anónima en distintas investigaciones psicológicas, sociológicas, etc.

Este espectáculo no pretende sustituir a ninguno de los espectáculos taurinos vigentes, sino formar y promocionar a los alumnos y generar nuevos puestos de trabajo a los subalternos. La corrida de toros como está es un espectáculo grandioso, si bien con este espectáculo se pretende crear un festejo variado, contrastado, diferente y alternativo, con máxima integridad y mínimos gastos, donde se enseñen las variedades de lidias, vestimentas y usos imperantes en los orígenes de la Tauromaquia. Que sirva para revitalizar la cantera y base del toreo, para fusionar la lidia tradicional y el festejo popular, de generar nueva afición que en un mismo espectáculo contemple dos visiones de las Tauromaquias, de crear un ambiente pro taurino con motivación y emoción, y para dar respuesta al inmovilismo y decadencia de la actual formación y promoción de nuevos toreros y aficionados jóvenes.

Por último, e igualmente como parte del citado proyecto para evolucionar e implementar la formación en Tauromaquia, se encuentra el desarrollo de una escuela de tauromaquia online y una escuela para subalternos.

La escuela on-line enseñará y divulgará Tauromaquia por todos los rincones del mundo. Mediante una metodología audiovisual rigurosa y profesional, con un claustro multidisciplinar de maestros de la tauromaquia y distintos profesionales, enseñará la teoría y promoverá la práctica con animales en fechas concertadas y adecuadas.

Los subalternos que forman parte de la escena taurómaca engrandecen y dan brillantez a la obra que sobre la arena se expone a un público deseoso de belleza y emoción. Por todo ello y como actores trascendentales de la escena taurina, no vale todo ni cualquiera. En primer lugar, debe existir un centro que acredite la idoneidad de los futuros profesionales para poder inscribirse en el registro correspondiente. Centro que forme y sirva de auditor de la competencia profesional de este concreto sector. Su papel en el ruedo es observado y supervisado por miles de aficionados o posibles futuros aficionados, y de ellos es también gran parte de la responsabilidad de que sigan siéndolo o de la adhesión de nuevos de ellos.

“No hay que empezar siempre por la noción primera de las cosas que se estudian, sino por aquello que pueda facilitar el aprendizaje”. Aristóteles.

Publicación. Gaceta de la Tauromaquia

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IN MEMORIAMFallece José Manuel Inchausti 'Tinin' - La Tierra del Toro

 

“Tinín”,  qué personaje

Por Juan Miguel Núñez Batlles

 Fue “Tinín”, José Manuel Inchaustti, importante torero en los años sesenta, y  actualmente ejercía como veedor de toros en el campo. 

Sus triunfos fueron de clamor en su corta pero intensa carrera, con trayectoria a la inversa, es decir, de más a menos en lo que a éxitos se refiere. Y desde luego, no fue “Tinín” un torero cualquiera. 

Ahí está su notable palmarés, con una carrera  triunfal desde su arranque como novillero. Cortó uatro orejas en su debut con picadores en Las Ventas,  y tres en La Maestranza, también al debutar en Sevilla trece días antes de que Paco Camino le diera la alternativa, el 21 de mayo de 1966, en Madrid, en San Isidro, con El Viti de testigo. A ver quién mejora el cartel en esa época, en la que dicho sea de paso había una pléyade de figuras de mucho relumbrón.

En Madrid actuó en 28 ocasiones, cortando 17 orejas y con cinco salidas a hombros. 

Cuatro “portazos” dio asimismo en Bilbao. Y cortó el último rabo concedido en el viejo y desaparecido “Chofre” de San Sebastián. 

“Tinín” triunfó también a lo grande en Valencia, Córdoba, Pamplona, Málaga…, en aquella época que tuvo tan buena, en los sesenta (tiempo de colosales toreros, hay que insistir), manteniéndose al menos cuatro temporadas en la cumbre. De modo que no había feria entonces que montase carteles sin contar con él.

Por supuesto que también toda la América taurina fue asimismo escenario de muchas tardes suyas de gloria. Y hay que significar que en este tiempo de triunfos, su carrera estuvo administrada por el todopoderoso Manuel Chopera;  aunque las relaciones entre ellos terminarían deteriorándose, y como consecuencia de sus desavenencias, la figura del torero perdió toda su fuerza, hasta verse prácticamente obligado a retirarse en 1971.  Volvió tres años después, pero nuevamente se fue.

Y, no obstante, sería ese apoderado, Manuel Chopera, luego empresario de Las Ventas, quien le iba a dar una doble oportunidad, anunciándole dos tardes en la monumental madrileña, en la temporada de 1985 (cuando su última reaparición), ya, sin embargo, en esas dos actuaciones no pasó nada importante. Y “Tinín” dejó los ruedos para siempre.

Un “Tinín” -como se aprecia- torero intermitente, protagonista de una curiosa anécdota en aquella tarde de su incontestable triunfo en Sevilla, siendo novillero.  

Sucedió que tras cortar las tres orejas requeridas para salir por la Puerta del Príncipe, los dueños de la plaza (los maestrantes), que en aquel tiempo decidían junto con el presidente del festejo quienes podían cruzar a hombros la cotizada Puerta, ¡se la negaron! Así como suena. Aunque ahora alguien trata de lavar la mala imagen y conciencia de estos señores (maestrantes, con títulos de nobleza, pero pésimos aficionados)  y dan a entender que fue el propio “Tinín” quien se negó a salir a hombros.

Nada de eso,  pues entonces no hubiera saltado la barrera para irse a pie -andando,  está claro-, pero por la mismísima Puerta negada. Y una vez en la calle, se dejó aupar por una muchedumbre de aficionados que, ahora sí, le llevaron en volandas Paseo Colón arriba hasta el hotel, como antiguamente se hacía con los toreros en las tardes memorables. 

Ese era el orgullo y el ingenio de “Tinín”, tan espontáneo y riguroso en sus decisiones como diáfano y feliz con su gente (la gente del toro).

Madrileño, nacido en el Foro, que es como decir una personalidad chipén, entre lo castizo y lo atrevido, un tío marchoso con esencia romántica de la vida también por ese corazón así de grande que tenía. 

Tan estupendo en el ruedo -torero de estilo recio, valiente y muy clásico- como “revoltoso” en la calle, y entrecomillas esto de revoltoso, pues no se vaya a confundir con pendenciero. Que siendo “Tinín” un personaje novelesco, sobre todo fue explosiva su simpatía, nobleza y generosidad.

En una época de su vida ejerció también de manager de artistas, como Juan Manuel Serrat y Camilo Sesto. Fue la suya, para entendernos, una vida muy vivida. 

Su última faceta, como veedor de toros en el campo, trabajo que sacó adelante con brillantez, seriedad y responsabilidad.

“Tinín” era amigo de todos. Todos le queríamos. 

 Porque además, esa ingenuidad confiada que le caracterizó, cobijaba un gran talento y afición.

 Locuaz conversador y acertado analista de los pormenores del toreo: en las tertulias con él, su argumento taurino era una delicia.

 Te vamos a echar mucho de menos, “Tinín”. Dios te tenga en su Gloria.

CODA.- “Tinín” murió de cáncer en Valencia, el pasado día 2 de este mes de noviembre. en casa de una de sus hijas.

Al día siguiente fue trasladado su cuerpo a Madrid para ser incinerado en el cementerio de La Almudena. Y al llegar el coche fúnebre a Madrid, antes de ir al tanatorio, la familia y un reducido grupo de amigos le acompañaron en una última y muy emotiva vuelta al ruedo en Las Ventas. No más de quince o veinte personas (no se hizo público para poder respetar las recomendaciones sanitarias, guardando escrupulosamente las distancias de seguridad).

El féretro, a hombros de su hijo varón, Lucas,  sus sobrinos y su cuñado, el bailaor Diego Llori, cruzó finalmente la Puerta Grande.

Allí estaban sus hermanas, hermano y unos amigos muy escogidos, entre ellos el escritor y letrista de toros y flamenco, su “hermano del alma” Manuel Herrero. La representación taurina la ejercieron los matadores de toros, Andrés Caballero, Miguel Abellán y “El Javi” de Fuenlabrada; además de los apoderados Antonio Vázquez, Pascual Banegas, Gerardo Roa, Manuel Martínez Erice y José Luis Blanco; los banderilleros Juan Gimeno Mora y Fernando Galindo; y quizás alguno más no identificado bien por el obligado uso de mascarillas.

Una despedida sencilla pero muy sentida y elocuente. “Tinín” por última vez a hombros en Madrid. 

 

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ESCUELAS TAURINAS Y LA DISCIPLINA ESCÉNICA DONDE LA ÉPICA Y LA TRAGEDIA ESTÁN SIEMPRE PRESENTES

David Guillen Corchado

Doctor en Psicología y escritor

“No hay que empezar siempre por la noción primera de las cosas que estudian, sino por aquello que puede facilitar el aprendizaje.”  Aristóteles

Cuando un chico/ca se acerca a una escuela de tauromaquia con la intención de formarse para ser torero, lo hace

 ilusionado, con un gran deseo de implicarse, para sentir, divertirse y en definitiva entregado como en ninguna otra actividad. Esto hace que tengamos ante nosotros una gran oportunidad formativa. Esta disposición tan favorable facilita enormemente el crecimiento.

El aprendizaje es uno de los procesos biológicos y cognitivos que facilita la adaptación del individuo al ambiente en el que se desenvuelve y desenvolverá. Normalmente pensamos que el aprendizaje siempre conlleva la adquisición de nuevas conductas, pero el aprendizaje también puede consistir en la disminución o pérdida de una respuesta, hábito o vicio adquirido. Aprender a no ejecutar determinadas conductas es tan importante como aprender a realizar otras respuestas o quizás más.

 “El aprendizaje es un cambio duradero en los mecanismos de conducta que implican estímulos y/o respuestas específicas y que es resultado de la experiencia previa con esos estímulos y respuestas o con otros similares” (Domjan, 2000).

La conducta posterior se utiliza como prueba de aprendizaje, sin embargo, esta ejecución está determinada por muchos otros factores como son la motivación, concentración, fatiga física, fatiga emocional (Figura 1), cambios en las condiciones estimulares, maduración, etc. Por todo ello, el potencial de mejora al respecto es considerable.

Fig.1- Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”.

La maduración puede provocar la desaparición de determinadas conductas y la adquisición de un nuevo repertorio de respuestas licitadas. Es bastante corriente comprobar dentro del mundo formativo taurino, a alumnos que ingresan en la escuela con una expresión física y huella emocional muy llamativa y distintiva, y como con el paso del tiempo acaba vulgarizándose. ¿Qué estamos haciendo mal?

Lo primero que deberíamos considerar entre otras muchas cuestiones es la personalidad que presente todo joven que se acerca a una Escuela Taurina. Las principales características que componen el aprendizaje se ven absolutamente condicionadas por los rasgos de personalidad presentes en la joven promesa, y por otras cuestiones más dinámicas de la misma, como son las expectativas de autoeficacia y las estrategias para hacer frente a las situaciones tan aversivas a las que se van a ver expuestos. Estas cuestiones son vitales en el reconocimiento identitario de la futura figura del toreo.

Se entiende por “rasgo” de personalidad a aquellos patrones de conducta, pensamiento y sentimientos estables en el tiempo. Esas otras cuestiones más dinámicas anteriormente aludidas de la personalidad como son la autoeficacia y el afrontamiento forman parte del grupo de estrategias de “estado temporal”, es decir, a aquella conducta o conductas ejecutadas por el sujeto en un momento dado y ante unas circunstancias concretas. La personalidad, se va formando en el curso de la ontogénesis gracias a las interacciones recíprocas que mantiene la persona con los distintos contextos en los que se desenvuelve, llegándose a alcanzar, con el tiempo, patrones de organización con cierta estabilidad. Todas las investigaciones al respecto están de acuerdo en que los rasgos de personalidad son particularmente inestables durante la infancia y la adolescencia, en parte debido a los cambios biológico-hormonales propios de la maduración física y la fuerte influencia ejercida por el entorno social, y sería durante la infancia y la adolescencia que diferentes tendencias específicas de comportamiento van dando forma a rasgos más amplios.

Continuará…….

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TAUROMAQUIA Y POESÍA DE MIGUEL HERNÁNDEZ

Galeria fotográfica "Miguel Hernández y Alicante". Fondos del Archivo  Municipal | Ayuntamiento de Alicante
Ayuntamiento de Alicante

Pilar Guardiola Flores

Pte. Ateneo Cultural Taurino

En estas épocas difíciles para la tauromaquia en general y la fiesta en particular quiero traer al lector el recuerdo de un hombre, un poeta, al que su ideología comunista, no mermó un ápice su amor por España y su amor por la fiesta del toro. Este poeta se llamaba Miguel Hernández.

 Desde muy joven, en su Orihuela natal, despertó la afición por la fiesta taurina y su admiración hacia el bravo, ambas servirían de elemento inspirador a sus libros y poemas. Fue la telúrica figura del toro la que imprimió, en algunas de sus obras, la fuerza y el amor a su tierra y a su patria. De no existir el toro, alguna de sus obras ocuparían hoy el limbo de la poesía. Miguel, vinculó parte de su vida y de su obra al toro bravo y a una fiesta ornamentada con una paleta de colores que alegraba las ciudades y pueblos de “aquella España sumida en la tragedia”.

  Miguel Hernández dotó al toro y a la corrida de un simbolismo irreal en dónde la vida, la muerte, la grandeza, el miedo, la valentía, el drama y el triunfalismo paseaban por la arena de un albero.

 En su obra, el poeta humaniza la fiesta de los toros. En la lidia, el matador tendrá que ir superando obstáculos, como en la vida, hasta llegar al punto sin retorno en dónde: “la muerte llega, mira y extiende su velo negro”. Así lo siente el poeta en los versos póstumos que dedica a su gran amigo el toreador Ignacio Sánchez Mejías cuando la muerte le envolvió con su trágico velo en la plaza de Manzanares:

            “Quisiera yo, Mejías, a quién el hueso y cuerno han hecho estatua…

                 Esperar y mirar, cuál tú solías a la muerte: ¡De cara!”

 En otro momento de su obra, Hernández, se identifica con el animal. Comenta Pablo Corvalán:

 “Al recurrir al toro como símbolo, Miguel Hernández, reconoce en él una concentración de caracteres. Debilidades y valores que lo convierten en ser representativo de cuánto él siente, desea y soporta”.

 En otro libro titulado “Viento del Pueblo”, el poeta asemeja al toro con su patria. Con el pueblo de España. Un pueblo español que no es sumiso “de bueyes” sino un pueblo de fuerza, libertad y orgullo simbolizados en su poema por leones, águilas y astas de toro.

                                                         Vientos del pueblo me llevan….

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros

con el orgullo en el asta.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia….

  Miguel Hernández dedicó y enalteció, en su vida y en su obra, la figura del toro bravo. Un animal representativo para Hernández de una tierra de valores, de dignidad, orgullo, fiereza y lealtad.

 El ideario político del poeta fue conjugado a la perfección con la enorme afición taurina que sentía, posiblemente, enriquecida con la amistad y lecturas de García Lorca y Rafael Alberti.

 En su amor por la fiesta de los toros, Miguel llega a identificar las tapias de su huerto, con las de “un chiquero de abril, en dónde es preciso saltar a la torera”. Libro “Antología de Escritos Taurinos”.

 El mundo de la cultura de su generación no generó distingos entre el arte de la Tauromaquia y el mundo político. Quizá, porque aquella España de hambre y miseria, alentaba los valores del pueblo y liberaba de grilletes la cultura.

 

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INICIO DE COLABORACIÓN DEL ATENEO CULTURAL TAURINO CON EL LICEO DE LA TAUROMAQUIA (SEVILLA) Y LA GACETA ILUSTRADA DE LA TAUROMAQUIA( CÓRDOBA)

 Queridos amigos.

 De todos es conocida la dispersión, falta de unidad, detrimento y persecución que en la actualidad  padece la fiesta del toro. Considerada como el origen de una de las más bellas artes, La Tauromaquia, declarada Bien de Interés Cultural ha sido, es y será  fuente de inspiración en todo el orbe cultural y artístico internacional.

 Ante esta anómala dispersión del universo taurómaco, tres medios culturales de difusión internacional, un portal en internet, una revista y un blog telemático hemos decidido enarbolar la bandera de la unidad colaborativa.

 Nuestra finalidad es y será mantener la permanencia en el tiempo de los valores éticos, estéticos y culturales de una fiesta atemporal. Una fiesta superviviente de prohibiciones políticas y eclesiásticas que si bien la interrumpieron en algún momento de nuestra historia, nunca consiguieron su desaparición.

 Desde este blog del Ateneo Cultural Taurino, tengo el honor de anunciarles la colaboración con dos grandes medios que junto con el blog, enriquecerán y aportarán una visión histórica y actual de este arte inigualable.

 EL LICEO TAURINO, portal cultural ubicado en SEVILLA https://liceodelatauromaquia.org  y LA GACETA ILUSTRADA DE LA TAUROMAQUIA, revista cultural editada en CÓRDOBA.

Presentación de VI Edición anual de la GACETA. Composición llena de talento del creador multidisciplinario, Antonio Guerra Alvarez.

 

 Algunas de las composiciones del genial autor

 

Antonio Guerra Álvarez

Antonio Guerra Álvarez

 
Pilar Guardiola Flores
Pte Ateneo Cultural Taurino de Madrid

 

 

 

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HISTORIA DE ESPAÑA A TRAVÉS DE SUS PLAZAS DE TOROS.TARAZONA (ZARAGOZA)

Texto y fotografía de Juan Salazar

La aragonesa ciudad de Tarazona se encuentra enclavada en un espacio limítrofe de los antiguos reinos de Castilla, Navarra y Aragón, lo que le confirió en el pasado un valor estratégico y de referencia como centro comercial, diplomático y religioso, habiendo sido testigo de bodas reales, pactos, guerras y celebraciones de Cortes.

Al acceder a la ciudad, por primera vez, el visitante se queda sorprendido por sus edificios, calles y construcciones testigos de los acontecimientos y sucesos vividos en este lugar; al menos, esa fue mi percepción.

La costumbre de correr toros en las calles de esta población, es tradicional, constituyendo una diversión muy principal. Pero como siempre ha ocurrido, alcanzar el equilibrio a la hora de compaginar el deseo de esparcimiento de unos, con el de tranquilidad de otros, resulta algo harto complicado. Hoy en día el problema radica en la música alta, el botellón y demás molestias; antaño eran los toros que se corrían por las calles.

Por ello, cuando en 1770 el gremio de Labradores solicitó al Corregidor de la villa autorización para correr un toro de soga por las fiestas de San Lamberto, este les dijo que nones, recordando:

“hace unos años, en 1767 con motivo de estar la puerta abierta se salieron los toros, y el uno paró en la plaza del Aseo (sic) y atropelló a una pobre mujer que estaba sentada a la puerta de su casa pasando muy cerca de dos niños que estaban en la misma calle…. y el otro toro se subió a la parroquia de San Miguel hasta que se logró volverlo al corral”.

La cosa no podía quedar así; como tradicionalmente se dice, si los mañicos se empeñan en algo, ten por seguro que lo consiguen.

De esta forma, en 1777 un grupo de vecinos de posición acomodada solicitó formalmente al Concejo el permiso para la construcción de una plaza compuesta por cuantas casas fueran precisas, asumiendo los gastos, a cambio de disponer libremente del terreno. Además los promotores se comprometían a construir a su cargo la casa de la Presidencia que sería gratuitamente cedida al Hospital de Tarazona. Como lugar escogido se señaló el prado comunal próximo a la ermita de Nuestra Señora de la Virgen del Río.

En 1792 la plaza era una realidad.

¡Pero qué mala suerte tuvieron los impulsores de la obra con los tiempos en que fue construida! Finales del siglo XVIII coincidió con una época en la que se desarrolló una segunda oleada “prohibicionista” que afectó a la celebración de festejos. Algunos ilustrados, con el conde de Aranda al frente, defendían que los toros causaban un gran daño al Estado por las horas laborales perdidas, el encarecimiento de la carne, la pérdida de caballos, el lucro cesante si el destino del ganado fuera para consumo… Por ello, tras mucha insistencia, lograron que el 9 de noviembre de 1785 Carlos III promulgara una Real Pragmática que decía:

“Prohibo las fiestas de toros de muerte en todos los pueblos del Reyno, a excepción de los en que hubiere concesión perpetua o temporal con destino público de sus productos útil o piadoso; pues en quanto a estas examinará el Consejo el punto de subrogación de equivalente o arbitrios, antes de que se verifique la cesación o suspensión de ellas, y me lo propondrá para la resolución que convenga tomar”.

Es decir, se prohibían los festejos salvo aquellos que procuraban el bien común, los cuales, aún así, debían de contar con aprobación real. Aquí no puedo dejar de reflejar la traición que supuso esa pragmática a la memoria de la amada esposa del rey, María Amalia de Sajonia, fallecida veinticinco años antes, que llegó a afirmar que la fiesta…:

”no era barbaridad, como le habían informado, sino diversión donde brilla el valor y la destreza”.

El impacto de la prohibición fue variable; la plaza de Madrid, que dependía de los Hospitales provinciales, no se vio afectada y siguió dando festejos, pero la de Sevilla, dependiente de la Real Maestranza de Caballería, dejó de ofrecerlos.

Posiblemente el destino piadoso expresado por el gremio de labradores en la solicitud de la construcción de la plaza de Tarazona permitiera erigirla; aclaremos que el argumento empleado fue:

“celebrar diez corridas de toros, en los cinco años sucesivos, a dos en cada año, aplicando todos sus productos, y rendimientos a beneficio de la Fábrica de la iglesia de San Atilano y sus obras, siendo del cargo de la Junta de Labradores buscar los toros, etc.”

Con el cambio de siglo la nueva edificación lucía plenamente activa. Treinta y dos viviendas conformaban un espacio cerrado en el que los privilegiados vecinos, desde sus balcones, podían presenciar las evoluciones de las principales figuras de la tauromaquia.

No duró mucho la alegría; en 1805, el 10 de febrero, el malvado Godoy, el Príncipe de la Paz y que se andaba en tratos con Napoleón, convenció a Carlos IV para que prohibiera los festejos en todo el territorio nacional sin excepción, promulgando la más dura de las prohibiciones. Godoy se vanagloriaba en sus Memorias de esta decisión.

Tuvo que ser José I, Pepe Botella para los amigos, tras su llegada, quien autorizara volver a celebrar corridas; era necesario congraciarse con el pueblo y el francés, aunque rey intruso, no era tonto y sabía de la efectividad de la medida.

La plaza de toros de Tarazona siguió dando festejos hasta 1870, años en los que se construyó otra plaza a las afueras de la población, coso que sigue en pie. En ese momento, como es habitual, se produjo el relevo en la denominación y la que se había llamado “Nueva plaza”, pasó a ser “Plaza Vieja”.

La plaza vieja en la actualidad ocupa un espacio privilegiado en el trazado urbanístico de la ciudad; no resulta difícil hacerse una idea de lo que podría ser un festejo en este marco incomparable.

Las viviendas conforman un polígono octogonal perfecto, con planta baja y tres alturas con grandes arcadas y sus correspondientes balconadas, abiertas en la restauración de 1998, que ofrecen vistas magníficas al interior. Cuatro pasadizos en los ejes octogonales, dan acceso al recinto; según se dice, el del Sur era la puerta de cuadrillas, el del Norte la del desolladero, el del Oeste los toriles y el del Este permitía el paso al público.

La plaza fue declarada en 2001 Bien de Interés Cultural, con la categoría de monumento.

En la actualidad parece que se celebran conciertos y eventos varios; ignoro lo que opinarán los vecinos de las casas colindantes de todo esto; no me pareció prudente preguntarles.

Por cierto, anteriormente he hablado de las prohibiciones de Carlos III y su hijo Carlos IV, pero no puedo resistirme a aclarar que esta fue la segunda oleada prohibicionista de la historia taurina. La primera data de los años de Felipe II con la Bula papal de Pio V ”De Salute Gregis” promulgada en 1567 por la que se lanzaba…:

“Excomunión ipso facto contra todos los príncipes cristianos y autoridades civiles y religiosas, que permitieran la celebración de corridas de toros en los lugares de su jurisdicción. Además prohibía a los militares u otras personas que tomaran parte en las mismas, ya fuera a pie o a caballo, llegando a negar sepultura eclesiástica quien muriera en ellas. También prohibía a todos los clérigos, seculares y regulares, asistir a dichos espectáculos bajo pena de excomunión”.

Eso de la excomunión “ipsofacto” no era una cuestión baladí.

La bula causó gran sorpresa, no llegando a publicarse en muchos lugares, en otros dejaron de celebrarse festejos, en algunos se corrieron bueyes, vacas o novillos, al referirse la bula a los “toros”. Se dice que Felipe II, muy astuto, consciente de la imposibilidad de prohibir los festejos, se acogió a la tradicional fórmula de “se acata, pero no se cumple”. Unos años y varios papas después, Clemente VIII, el 13 de enero de 1596 quiso zanjar este asunto y publicó el breve “Suscepti numeris”, que reconocía las ventajas de las corridas de toros para los militares y se refería a la habilidad natural de los españoles para estos espectáculos, levantando todas las censuras y condenas, excepto para los frailes mendicantes y los regulares, aunque estos siguieron asistiendo a los festejos. Se dice que este breve ¡causó mas alegría que las victorias de San Quintín y de Lepanto!

Ahora vivimos una tercera época prohibicionista, con razones completamente alejadas de las de antaño; en nuestros días no importa el hombre, ni su alma, ni su bolsillo, que fue lo que motivó impedir los festejos en su momento, no, ahora el hombre no interesa, no existe una argumentación humanista, hogaño se trata de defender los derechos de los animales; ¡cosas veredes amigo Sancho…!

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HISTORIA DE ESPAÑA A TRAVÉS DE NUESTRAS PLAZAS DE TOROS. BECEDAS( ÁVILA)

Texto y fotografía de Juan Salazar

BECEDAS (ÁVILA)

Lo mismo que la Generación del 27 con García Lorca, Alberti o Gerardo Diego ha pasado a la historia como un colectivo muy taurino, la del 98 ha quedado como un grupo de intelectuales poco taurino, cuando no contrarios a la Fiesta.

Creo que incorporar en un mismo saco ideológico a todos estos pensadores quizás resulte injusto. El 98 coincide con una época terrible de degradación para el espíritu y ánimo de los españoles, al hacerse realidad lo que venía siendo una progresiva decadencia. Se perdían los territorios de ultramar, Cuba, Puerto Rico, y las islas Filipinas, que habían formado parte de la corona desde tiempos remotos, lo que dejó una sensación de abatimiento general difícil de levantar. El “regeneracionismo” se abrió camino, había que empezar de cero y todo aquello que sonara a tradición debía ser cuestionado.

El entorno taurino, por el contrario, quiso contribuir a elevar el ánimo celebrando diferentes corridas patrióticas. La del 12 de mayo de 1898 en Madrid pasó a la historia por los encendidos brindis:

  • Emilio Torres Bombita: “Brindo por usía, por su acompañamiento y por los que tanta sangre derraman por España”.
  • Nicanor Villa Villita: “Brindo por la presidencia, por todos los españoles y por el triunfo honroso de nuestras Armas“.
  • Leonardo Sánchez Cacheta: “Brindo por usía, por el público en general, por el Ejército y la Marina y por que no quede un yanqui en todo el universo“.
  • Luis Mazzantini: “Brindo por el heroico pueblo del 2 de Mayo, por el señor alcalde que lo representa en ese palco y por que el importe íntegro que se recaude en esta corrida se destine en dinamita para hacer saltar en mil pedazos a ese pueblo de aventureros que se llama norteamericano“.
  • Rafael Guerra Guerrita: “Brindo por el presidente y por su acompañamiento y por que no quisiera más sino que se volviera un yanqui el toro“.

Si damos un repaso a las principales figuras de esa generación encontramos a Pío Baroja, antitaurino, aunque realmente don Pío no solo fue contrario a la fiesta sino que lo fue a todo. Años después, José Ortega y Gasset decía que su estilo era similar al de una ametralladora, acabar con todo; la frase del vasco, “la jota me parece una cosa repugnante” es una muestra de su pensamiento.

Antonio Machado, por el contrario, incorporó en sus poemas inolvidables párrafos que recuerdan escenas taurómacas…

“Este hombre del casino provinciano

que vio a Carancha recibir un día,

tiene mustia la tez, el pelo cano,

ojos velados por melancolía”.

Valle Inclán, en cambio, se codeó con las figuras taurinas y dejó para el recuerdo frases y situaciones memorables como cuando le espetó a Belmonte aquello de “Juanito, sólo te falta morir en la plaza”, la respuesta del trianero es sobradamente conocida “Se hará lo que se pueda, don José María”. Pero la implicación de Valle Inclán no se limitó a las buenas palabras sino que se involucró personalmente, como en 1913, en el homenaje que organizó a Juan Belmonte, a las pocas semanas de presentarse de novillero en Madrid, en el restaurante “Ideal” del Retiro. En esa ocasión, salió el carácter pendenciero de Valle Inclán cuando el encargado del local les colocó en una mesa apartada y ante las reclamaciones de don Ramón María, el empleado cometió la imprudencia de decir que “era un sitio de la casa como otro cualquiera”. El dramaturgo, al escuchar esas palabras destempladas, no pudo  por menos que encarase y gritarle: “¡También es un sitio el “water-closet”! ¡Colócanos en el sitio de honor, badulaque! ¿Sabes quiénes somos? ¿Sabes quién es este hombre?”; evidentemente los comensales fueron reubicados en un mesa muy diferente, en un lugar distinguido del restaurante.

Miguel de Unamuno tuvo épocas de entendimiento con la Fiesta, mientras que en otras etapas vitales militó en el bando de los antitaurinos y antiflamenquistas. Como describió el Catedrático Andrés Amorós en una conferencia, Unamuno “era un tío contra”, opuesto a todo, ya se tratara de la monarquía, de Primo de Rivera, de la República o de Franco. Con una personalidad arrolladora, no dejaba hablar a nadie; cuenta Jorge Guillén que pasando un día completo con él, sólo logró articular unos breves “eh, ah, oh, si …”

Unamuno llegó a decir en sus años mozos:

“Aunque me gusta mucho el toro en el campo soy contrario a las corridas de toros”

De cualquier forma, su amor por el animal en la dehesa fue innegable.

Parece que a partir de 1920 inició un proceso que le llevó a alejarse de esas posiciones antitaurinas, prueba de ello fueron sus manifestaciones postreras de “no se puede negar el vínculo taurino con España” o que “la barbarie se cura asistiendo a los toros”.

Le pudo influir su amistad con la Pardo Bazán, que, sin ser gran aficionada, escribió:

“La luz, el color, el ruido, la animación mágica de este espectáculo, que Teófilo Gautier calificó, de uno de los más bellos que puede imaginarse el hombre, son realmente más para ser vistos que descritos”.

Miguel de Unamuno, singular escritor y filósofo, nació en Bilbao pero residió mucho tiempo en Salamanca. En 1891 obtuvo una cátedra de griego en la universidad salmantina, siendo nombrado rector de la misma en 1900, con sólo treinta y seis años de edad, cargo que ocupó en tres periodos diferentes.

Los apenas 80 kilómetros que distan Becedas de Salamanca posiblemente motivara la decisión de ser escogido como destino para pasar los veranos con su mujer y nueve hijos. La estancia del bilbaíno, unido al hecho de que cuatro siglos antes Santa Teresa permaneciera una larga temporada en estos predios, curándose de unos desajustes digestivos, convierte a este maravilloso enclave de Becedas en un lugar de referencia de la literatura hispana.

Esta tierra, ubicada en la provincia de Ávila, forma parte de lo que se ha dado en llamar «la España vaciada», pasando de un censo de 1.696 vecinos, en 1940, a sólo 219 en 2017.

Anclada en la estribaciones del Parque Natural de Gredos, el marco es magnífico, prueba de ello es la anécdota que se cuenta cuando Unamuno coincidió con Blasco Ibáñez en los Campos Elíseos de París y el valenciano le preguntó: «¿Ha visto Vd., D. Miguel, un espectáculo más hermoso?», a lo que el bilbaíno contestó: «Sí, Gredos».

Y, como no puede ser de otra forma, y por si alguien lo dudara, ¡Becedas tiene plaza de toros!

La placita se encuentra en la llamada “Peña de la Zorra”, lugar muy del gusto de Unamuno, donde solía parar, y no es difícil imaginarlo sentado en una roca, leyendo unos papeles o garabateando unos poemas. ¿Escribiría aquí eso de…?

“A la redonda sombra de la encina

inmoble y negra, inmoble se recuesta

el negro toro, y una charca apresta

su espejo inmoble de agua mortecina”.

¿Vendría a descansar por estos parajes en el verano del 31, año de construcción de la plaza, tras proclamar desde el balcón del ayuntamiento el advenimiento de la República el 14 de abril?

La zona está alejada de la población; la placita se esconde camuflada detrás de un parque infantil, en el que se puede observar un muro de mampostería que denotaba la existencia de un corral.

Realmente no existen tendidos sino una pared sobre la que se podrían colocar 200 espectadores un tanto apretados; además, las rocas adyacentes actúan a modo de gradas, por lo que el número de aficionados resulta indeterminado. Dicho de otra forma, una plaza con entrada libre, el que pueda, que lo vea.

El ruedo es pequeño; según fuentes consultadas, 30 metros, pero no me atreví a comprobarlo al haber encerradas algunas vacas e innumerables restos biológicos esparcidos por doquier. Carece de callejón, actuando los ocho burladeros como protección para los diestros.

Un corral y corralillos anexos debieron ofrecer en su momento de improvisados chiqueros.

Aquí toreó Juan Mora y también “la troupe del Chino Torero”, uno de cuyos integrantes era de esa localidad.

Por pasar desapercibida, no aparece en escritos de referencia sobre plazas de toros como el de Pin Mas ni el de “Plazas mayores y de toros” de Francisco López Izquierdo.

La plaza es propiedad del Ayuntamiento y según parece, desde 1990 no se ofrecen festejos. En un mundo en el que el dinero lo mueve todo resultaría muy complicado organizar nada en este lugar, ¡que pena!

 

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HISTORIA DE ESPAÑA A TRAVÉS DE SUS PLAZAS DE TOROS. RASINES( CANTABRIA)

Texto y fotografía. Juan Salazar

“De las dos plazas de toros “cuadradas” que aún se conservan en España, una se localiza en Rasines, concretamente junto a la ermita de los Santos Mártires, a la salida del municipio, junto a la carretera hacia Ramales”.

Es lo que leo en una página web.

Plazas de toros cuadradas o cuadrangulares en España, hay varias, algunas de las cuales aparecen en este blog; desconozco cual es la segunda a la que se refiere en el texto anterior. De cualquier forma, desde luego, Rasines es una plaza cuadrada y de las más antiguas y bonitas que gozamos. Una plaza de toros con este trazado y próxima a un santuario habla de un coso con solera y años de historia.

Según consta en los documentos del Archivo de Cuentas de la vecina ermita de los Santos Mártires de San Cosme y San Damián, la plaza fue erigida en 1758, estando acreditado documentalmente que en 1769 se pagaron 4 reales y 8 maravedíes por “poner el toro en la Plaza y Coso” así como otro pago adicional a los “comediantes y danzantes”, actuantes en el festejo.

El palenque se sitúa en un lugar llamado “el cerro” y a ciencia cierta que lo es, sólo hay que fijarse en la puerta de acceso, que se encuentra en una cuesta. Mi amigo y buen aficionado Gerardo, al que conocí una tarde en la plaza de Las Ventas, tuvo la amabilidad de mostrármelo.

En la entrada al coso una cabeza de toro desmochado nos da la bienvenida y anuncia que vamos a entrar en un recinto mágico. Una vez en el interior, la piedra de mampostería y sillería caracteriza toda la construcción; al norte se sitúa el palco principal en donde la madera acoge a las autoridades.

Los tendidos ofrecen un aforo inferior al millar pero el monte vecino se ofrece como “tendido de los sastres”, término muy taurino que hace referencia a aquellas localidades en las que se acomodan los espectadores que sin pagar un real, presencian los festejos, ya se trate de balcones, altillos o laderas del promontorio, como es el caso.

Además, como particularidad, para evitar las querencias de las reses, problema habitual en este tipo de plazas esquinadas, se han colocado burladeros modernos en los esquinales.

Víctima del paso del tiempo y los rigores climatológicos de la zona, el coso fue cerrado en 1962 y rehabilitado en 1995; no podía perderse la plaza de toros más antigua de Cantabria, que, además, forma parte de la Unión de Plazas Históricas.

Cantabria a semejanza del resto de regiones de nuestra piel de toro, ha sido siempre pródiga en fiestas taurinas. La mejor demostración de esta centenaria afición del pueblo montañés la podemos encontrar a la llegada de Carlos I a España.

En 1506, había fallecido Felipe El Hermoso, rey consorte, según la tradición por haber bebido un vaso de agua fría después de un partido de pelota en Burgos, otras fuentes hablan de una mano anónima que vertió una sustancia en el recipiente. La reina Juana no gozaba de buena salud mental y aquello había que solucionarlo. Las dos alternativas para ocupar el trono eran los hijos varones de Juana y Felipe, es decir, Carlos o Fernando. Carlos era considerado como “extranjero” por muchos, al haber nacido en Gante y ser criado en Malinas, mientras que su hermano Fernando, menor en edad, resultaba preferido por los nobles castellanos al haber recibido educación en Alcalá de Henares. Al final el elegido fue Carlos, que embarcó en Flesinga el 7 de septiembre de 1517. Tras doce jornadas de travesía llegó a Tazones; el puerto en el que se le esperaba era Laredo, pero los vientos hicieron imposible llegar a ese destino.

Desconocedor de la lengua y costumbres arribó a Tazones el que llegaría a ser Emperador y uno de los mejores reyes que ha tenido la corona española. ¡Quién le iba a decir que cuarenta años después, cansado y envejecido, tras renunciar al trono en favor de su hijo Felipe, escogería como lugar para pasar sus últimos días una población extremeña integrada en la corona de Castilla!

Tal y como los libros de Historia han dejado constancia, en Tazones no tuvo buen recibimiento. Los vecinos, desconocedores de la llegada de la comitiva real, pensaron que eran invadidos por tropas extranjeras y sacaron a relucir sus palos, rastrillos y mazas. No duró mucho la confusión y una vez percatados de la verdadera identidad del visitante optaron por agasajarlo, ¡y qué mejor que un festejo taurino para celebrarlo! Así pues, en Villaviciosa, a los dos días de pisar suelo patrio, nuestro futuro emperador presenció, por primera ocasión, los quiebros, recortes y habilidades propias de los pueblos hispanos.

Si fueron capaces de improvisar un festejo taurino en Villaviciosa, ¡que no tendrían organizado para recibirle en Laredo, ubicado a 19 kilómetros de Rasines!

Asturias y Cantabria, regiones taurinas, ya que el toreo no es sólo algo andaluz, o salmantino, o extremeño, o levantino o portugués, o francés, o mejicano o peruano o …

Los burladeros situados en las esquinas para impedir el refugio del animal

 

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